“...Gabriel se dijo: ...como nuestros pensamientos, que a veces ascienden demasiado hasta llegar a la luna y luego estrepitosamente descienden hasta la tierra y chocan con la realidad. Y pienso. Pude ascender, tocar los sueños que habitan en lo alto, sé que tarde o temprano deberé descender a mi realidad…
Bajando la caparazón (de un caracol de la playa) hasta la altura de su rodilla, continuó- …Ahora, ya en tierra y conocedor de mis sueños y anhelos ¿podré cambiar en algo mi realidad, mi rutina, procurando hacer reales algunos de mis sueños?…
Regresando su vista a la luna, siguió: …Porque soñar por soñar, sin intentar que sean una realidad no me sirve, porque se desvanecen en una etérea proyección.
Y vivir la realidad porque sólo es mi realidad, y transitar por esta tierra sin pensar en ascender...
Y si bien alguien dijo y lo escribió que “…los sueños, sueños son…”, ¿no podré o intentaré que algunos fragmentos de ese vaguear por el espacio infinito se hagan realidad?…
Rascó (Gabriel) la barbilla de su mentón y prosiguió:
…Pretender, soñar, imaginar, crear y recrear están intrínsecamente arraigados en el ser, en el estar, en nosotros, en mí.
Nací, viví, sentí, sufrí, disfruté, soñé.
Vivo…, siento…, sufro…, disfruto… y sueño…
Siento, sufro, disfruto, sueño y me da la pauta de que estoy vivo.
¿¡Y si vivo…, por qué no animarme a soñar más!?. Porque aunque también sufra, no es menos cierto que también está latente la posibilidad de disfrutar y triunfar…
Gabriel arrojó un puñado de arena al aire y al caer, tomando algunas partículas de ellas entre sus manos, prosiguió:
…Alcanzar lo soñado… -abrió sus manos, miró esos pocos granos de arena y respirando profundamente expresó:
…Por qué no intentar entonces que mis sueños o al menos algunos de ellos o fragmentos de uno o la conjunción de varios de ellos se conviertan en realidad…
Levantó sus manos al cielo, y señalando concretamente algunas estrellas como digitando teclas diseminadas en un velo, susurrando expresó:
Bajando la caparazón (de un caracol de la playa) hasta la altura de su rodilla, continuó- …Ahora, ya en tierra y conocedor de mis sueños y anhelos ¿podré cambiar en algo mi realidad, mi rutina, procurando hacer reales algunos de mis sueños?…
Regresando su vista a la luna, siguió: …Porque soñar por soñar, sin intentar que sean una realidad no me sirve, porque se desvanecen en una etérea proyección.
Y vivir la realidad porque sólo es mi realidad, y transitar por esta tierra sin pensar en ascender...
Y si bien alguien dijo y lo escribió que “…los sueños, sueños son…”, ¿no podré o intentaré que algunos fragmentos de ese vaguear por el espacio infinito se hagan realidad?…
Rascó (Gabriel) la barbilla de su mentón y prosiguió:
…Pretender, soñar, imaginar, crear y recrear están intrínsecamente arraigados en el ser, en el estar, en nosotros, en mí.
Nací, viví, sentí, sufrí, disfruté, soñé.
Vivo…, siento…, sufro…, disfruto… y sueño…
Siento, sufro, disfruto, sueño y me da la pauta de que estoy vivo.
¿¡Y si vivo…, por qué no animarme a soñar más!?. Porque aunque también sufra, no es menos cierto que también está latente la posibilidad de disfrutar y triunfar…
Gabriel arrojó un puñado de arena al aire y al caer, tomando algunas partículas de ellas entre sus manos, prosiguió:
…Alcanzar lo soñado… -abrió sus manos, miró esos pocos granos de arena y respirando profundamente expresó:
…Por qué no intentar entonces que mis sueños o al menos algunos de ellos o fragmentos de uno o la conjunción de varios de ellos se conviertan en realidad…
Levantó sus manos al cielo, y señalando concretamente algunas estrellas como digitando teclas diseminadas en un velo, susurrando expresó:
Es hora de planificar un nuevo proyecto,
Es hora de hacer girar el timón,
Es hora de volver a empezar,
Es hora de convocar y sumar,
Es hora de darle forma a la idea,
Es hora de idear la forma de bajar el sueño para hacerlo realidad,
Sí, es hora de jugar…”
. . .



