miércoles 22 de octubre de 2008

SAVIADURÍA – Parte LXIII

(viene de LXI y LXII) Si únicamente hubiera sido por el horario de visita, tal vez mi conmoción no desataba tanta risa, incomodidad y vergüenza; por cuanto la señora Myriam, quien, visitando enfermos conoció en el hospital a la Rosita, comentó que le habían dado de alta hacía dos días retornando al hospedaje para pacientes en tránsito, un valor agregado desinteresado y solidario, supongo, que le presta la obra social.
Recordando la hora del almuerzo, me despedí de la señora Myriam con un hasta luego; y el estornudo, como reaccionando frente al síndrome del guardapolvo blanco, trepó al colectivo que pasa cerca del hostal.


Me suministraron una mesa revestida con fórmica color tiza con irregulares trazos en gris claro, una frazada a cuadros, una tela para cubrirla, un rociador y una plancha. Fue por mediación de Sor Mónica que accedí a una changa para el planchado de sábanas durante todo un domingo, incluida la comida, en el albergue para pacientes en tránsito en donde tomé por vez primera contacto con la Rosita.
- Esas son mis sábanas.
¡Eehhh...!
- Virdomel, mucho gusto, ¿usted?
- Rosita.
- Encantado, Rosita.
Hacía más de un año que la Rosita aguardaba con ansiedad que le realizaran el implante de una prótesis que le permitiera abandonar los bastones canadienses en los que aferraba las palmas de sus manos y trababa sus antebrazos.
Trámite que se venía posponiendo quién sabe porqué causas, y sin embargo no hacían mella en la fe y entereza de la Rosita que siempre tenía algo por enseñar, añorando su pueblo y volver a caminar por entre las gordotas raíces de sus maitenes*.
- Te aconsejo que antes de iniciar el planchado recorras el hotel, Virdomel.
- ¿Le parece?
- No me parece, creo que es imprescindible.
- Usted cree que no llegaré a planchar todo en el día, ¿verdad?.
- No es por eso.
- ¿Entonces?
- Porque no basta con que planches las sábanas y queden impecables sin saber, aunque a tientas, a quienes pueden corresponderles. Será bueno que te empapes del cuidado que se les debe a esas sábanas que acompañan el reposo o el descanso de los pacientes que aquí viven...
- Entiendo.
- ...¿de qué te serviría cumplir la tarea, cobrar unos pesos, y desconocer qué hacen las sábanas con sus moradores día y noche? Allí tienes unas sabanitas de una criatura que, habiendo viajado mucho, aguarda una operación en su corazón, ¿Puede ser descorazonado el planchado?, ¿No le asiste merecimiento, aunque nada tenga que ver contigo, de esmero y trato compasivo? Mis sábanas requieren estar bien almidonadas para no tener arruguitas por ejemplo, hay mucho por andar, ¿comprendes?...

*Maitén (maitenus boaria), árbol que abunda en las regiones patagónicas.
El Maitén, Chubut, Argentina.

(Si Dios quiere, en los próximos días ésta historia continuará)